La técnica instrumental: ¿formar músicos o fabricar modelos?

Entrar hoy en la mayoría de nuestros conservatorios sigue teniendo algo de viaje en el tiempo. A pesar de estar en pleno siglo XXI, gran parte de la pedagogía instrumental vive anclada en un modelo heredado del siglo XIX: esa idea de la técnica como un sistema cerrado, un «kit» de ejercicios que, aplicados con disciplina casi militar, prometen fabricar buenos intérpretes. Pero la pregunta es incómoda y necesaria: ¿estamos ayudando a nacer a un músico o estamos produciendo fotocopias de un estándar?

Como bien señalaba Bourdieu (1977), los sistemas educativos tienen una inercia peligrosa hacia la autorreproducción, y nuestras aulas no son un oasis aparte. Llevamos décadas apoyándonos en métodos «sagrados» —el Hanon en el piano es el ejemplo más flagrante— que proponen una base técnica universal. Pero seamos realistas: ¿puede un manual escrito hace 150 años responder a la diversidad de cuerpos, manos y sensibilidades que se sientan hoy frente a nosotros en clase?

El mito de la técnica «talla única»

La realidad del aula es tozuda: no hay dos manos ni dos embocaduras iguales. Sin embargo, la obsesión por la homogeneidad sigue ignorando la biomecánica individual, y lo que es peor, normalizando el dolor.

  • En el piano, un alumno con manos pequeñas no necesita «estirarse» hasta el límite de la lesión; necesita estrategias de redistribución y cambios de articulación como los que defendía Taubman (1996).
  • En el violín o el trombón, la forma de un hombro o la longitud de un brazo no son «defectos» que corregir, sino condiciones físicas que deben dictar la postura.

Si aceptamos que un músico de jazz y uno de clásica necesitan herramientas técnicas distintas, ¿por qué nos empeñamos en que dos alumnos de clásica tengan que tocar exactamente igual?

Hacia un cambio de paradigma: el docente como artesano

Ya lo decía Neuhaus (1973) con una claridad que a veces olvidamos: la técnica no es la meta, es el coche que te lleva al arte. Si el coche es incómodo o te rompe la espalda, sencillamente no sirve. Estamos en lo que Kuhn (1962) llamaría una «crisis de paradigma»: el viejo modelo de uniformidad ya no responde a una sociedad que, por fin, empieza a valorar la singularidad y la salud del artista.

Esto cambia radicalmente nuestro papel como profesores. Ya no basta con ser «transmisores de tratados» o vigilantes del método. El docente moderno debe ser un mediador crítico, alguien capaz de diagnosticar y «tunear» la tradición para que encaje en la persona que tiene delante. Al final, la técnica no debería ser un molde de hierro al que el músico se adapta a golpes, sino un sistema vivo que se adapta al músico.

En un mundo donde las máquinas ya ejecutan con una precisión quirúrgica, nuestra verdadera revolución en el aula no es perfeccionar la repetición mecánica, sino cultivar la diferencia.

¿Prefieres formar músicos o fabricar modelos?

Referencias
Bourdieu, P. (1977). Reproduction in education, society and culture. Sage Publications.
Kuhn, T. S. (1962). The structure of scientific revolutions. University of Chicago Press.
Neuhaus, H. (1973). The art of piano playing. Kahn & Averill.
Taubman, D. (1996). The Taubman approach: Principles for skilled movements in piano playing. Scarecrow Press.

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